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‘La riqueza y la progresía’ Manuel S. Ledesma

Manuel S. Ledesma

La riqueza y la progresía | Opinión Manuel S. Ledesma

Aunque en estos tiempos esté de moda demonizarlo haciéndole responsable de toda clase de calamidades, es históricamente demostrable que el capitalismo fue el principal artífice de que desde la barbarie de la Edad Media emergiese la civilización.

Cuando, en el siglo XVI, sustituyó al feudalismo, proporcionó las condiciones necesarias para la creación de los estados y el surgimiento de la revolución cultural y científica primero y la industrial después.

El éxito de la sociedad capitalista (fundada no sobre las desigualdades de clase, sobre la herencia o la cuna sino sobre las capacidades y méritos de cada uno) condujo de manera natural a la democracia, a la aparición de los derechos individuales y a la formación de contrapoderes capaces de modular la intervención del Estado en las vidas de los ciudadanos.

Capitalism Facilitated Emergence of Civilization

Por más que les pese a muchos la civilización occidental se asienta sobre el capitalismo y es muy probable que en un futuro próximo veamos cómo, de su mano, se produce, en mayor o menor grado, la democratización de China y del resto de países antes subyugados por el comunismo.

El socialismo, por origen, no suele llevarse bien con la democracia y prueba de ello es la necesidad de adjetivarlo (socialismo democrático o socialdemocracia) para desmarcarlo de su natural intención totalitaria.

La redistribución de la riqueza a través del ‘Estado del Bienestar’ (el ‘Welfare State’ de los ingleses) fue -tras la II Guerra Mundial- la gran aportación del socialismo. Mientras ha existido bonanza económica, los ciudadanos han tolerado la sobredimensionada burocracia estatal y la fuerte carga impositiva que tal sistema exigía.

Sin embargo, es en los tiempos de crisis cuando se pone a prueba la viabilidad de este tipo de estado. La premisa es bien sencilla; todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo (subvenciones) deberá provenir de lo que se detrae del trabajo de otro (impuestos).

En las épocas de depresión en las que los porcentajes de productores y subvencionados (en sus múltiples variedades) se van igualando, estos últimos, alentados por los mensajes de los políticos, reclaman con gran obstinación su derecho a que el resto (los que crean riqueza) se hagan cargo de su mantenimiento.

Esta “obligación extra” que los gobiernos progresistas hacen recaer sobre los hombros de la gente laboriosa les induce al desaliento ya que es lógico que piensen que no vale la pena trabajar para que después les quiten lo logrado con su esfuerzo.

La conclusión es que el sistema camina irremediablemente hacia la quiebra: no se puede multiplicar la riqueza de un país dividiéndola. El capitalismo ha sido el único sistema en el cual la riqueza no se ha adquirido mediante saqueo sino mediante la producción, mientras que los progresistas que alardean de sentirse profundamente en deuda con el prójimo, pretenden saldar esa deuda con el dinero del contribuyente.

La novelista ruso-americana Ayn Rand escribió en 1920 un texto que, sorprendentemente, resulta de plena vigencia un siglo después:

Ayn Rand Capitalism and Civilization

“Cuando te das cuenta que, para producir, necesitas obtener autorización de quien no produce nada. Cuando compruebas que el dinero es para quien negocia no con bienes sino con favores. Cuando constatas que son muchos más los ricos por sobornos e influencias que por el trabajo y que las leyes no nos protegen de ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos. Cuando, desencantado, aprendes que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en autosacrificio. Entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”

La riqueza y la progresía | Opinión Manuel S. Ledesma

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