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Maral Ríos, La Línea: un mar de latidos y una lección de vida

Soraya Fernández · Fotos: Fran Montes

[Sesión de fotos] Maral Ríos (La Línea): ‘Un mar de latidos y una lección de vida’ | Arte y vida tras una operación de corazón abierto | Campo de Gibraltar 

La vida la sometió a una dura prueba y decidió dejarlo todo para dedicarse a su pasión, la pintura, con el mar como fuente inagotable de inspiración

Maral Ríos es de La Línea y con tan sólo 35 años ya sabe lo que es enfrentarse a la muerte. Hace cuatro años fue sometida a una intervención quirúrgica a corazón abierto y decidió disfrutar del regalo de la vida y dedicarse a lo que más le gusta, la pintura. Sus obras transmiten frescura, fuerza, pasión. Y es que así es ella.

Maral Ríos, La Línea

Trabajó nueve años como auxiliar de farmacia pero, como ella misma cuenta, la vida le cambió: “La vida me puso en una difícil situación. Caí enferma de corazón, me despidieron y empecé a pintar. La pintura es mi vida”.

Tras lo ocurrido tiene muy claras sus prioridades y su meta es simplemente disfrutar con lo que hace: “Soy feliz así, pintando, no aspiro a mucho más. Pinto y, si gusta, estupendo, y si no, tampoco me frustra porque estoy haciendo lo que me apasiona. Ya he pasado mucho”.

Maral está agradecida con esta segunda oportunidad que le ha brindado la vida y quiere aprovecharla al máximo. Sus prioridades han cambiado y su manera de ver las cosas, también: “Ha merecido la pena dedicarme a lo que más me gusta. Soy más feliz ahora. Estaba muerta, le dieron el pésame a mis padres. Poder tener la oportunidad de seguir viviendo y encima hacer lo que me gusta no tiene precio. Ahora sé valorar más las cosas. No digo que sea mejor persona ahora, soy la misma, pero sí aprecio más las cosas y vivo el momento porque le he visto a la vida las patas muy cortas”.

Toda su obra gira en torno al mar, una fuente inagotable de inspiración para ella. “Comencé con abstracto pero luego me centré en los mares, porque es con lo que estoy cómoda y con lo que siento que estoy creando. El mar me da fuerza y vitalidad, es brutal. No puedo describirlo. Para mí lo es todo. Voy cada día a pasear a la playa, necesito verlo a diario. Es una necesidad vital”

Todo fluyó de forma espontánea: “Fue ponerme a pintar y comenzaron a salir mares. Cuando pinto mares es cuando entro como en un momento de éxtasis, no lo puedo describir. El mar es infinito, te puedes perder en él. Su gama cromática es enorme. Cada ola es diferente, y hay tantos mares en el mundo… Me encanta viajar y cada vez que lo hago visito los mares para buscar inspiración. En mi obra tengo mares de Japón, de Islandia y de muchos otros lugares. No sé lo que tiene, es una locura, una adicción”.

Maral Ríos se va haciendo un hueco en el panorama artístico pese a que comenzó a dedicarse intensamente a la pintura hace tan sólo cuatro años. La primera vez que expuso sus obras fue en su ciudad natal, en el Museo Cruz Herrera, en abril del año pasado. Pero también ha colgado sus lienzos en Málaga, en Gibraltar o en la Galería Baluarte de San Roque de Cádiz.

La gastronomía y el arte, de la mano

Maral Ríos La Línea: Art Heart Surgery

Su última muestra ha sido este verano en el prestigioso restaurante Aponiente, del afamado chef del mar Ángel León, en el Puerto de Santa María. No podía ser en otro lugar. La gastronomía y el arte unidos por una pasión, el mar. Y ha cosechado un rotundo éxito.

Ahora se encuentra inmersa en una nueva fase creativa y tiene en proyecto exponer en Madrid, Portugal y Rusia. “Me quiero centrar en una exposición fuerte al año y eso hay que trabajarlo. Después de Aponiente tengo que empezar de cero y volver a crear”.

Y lo hará. No tiene que ir muy lejos para inspirarse. “Mucha gente no valora lo que tenemos aquí. Es una maravilla. Vivimos rodeados de dos mares, el Mediterráneo y el Atlántico. Llevo La Línea a todas partes orgullosa y es una pena que no se valore”.

Maral Ríos La Línea: Art Heart Surgery

Cuando se le pregunta con qué mar de todos los que ha contemplado se queda, su respuesta es contundente: “Me quedo con mi mar, el que me da el oxígeno todos los días, el que tengo al lado de casa, el Mediterráneo”.

Conversar con Maral es una lección de vida y de fortaleza. Aconseja a todo el mundo que esté indeciso o insatisfecho con lo que hace que siga sus pasos: “Que no tengan miedo, el miedo no sirve para nada, sólo frena. Si fracasas no pasa nada y si te caes, aprendes. Así son los aprendizajes. Yo toqué el fondo para subir a la superficie y poder disfrutar de las cosas”.

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